14 febrero 2010

Fernando Macarro Castillo, el asesino


También conocido como Marcos Ana, este comisario político comunista en la II República española fue el asesino de tres personas.

Como miembro del Batallón Libertad, un grupo paramilitar de las Juventudes Socialistas Unificadas de Alcalá de Henares, “tomó parte directa en el asesinato” de Marcial Plaza Delgado, Amadeo Martín acuña y Agustín Rosado. Los tres en fechas diferentes y a sangre fría. El “crimen” de Marcial Plaza era ser sacerdote. Amadeo Martín, un cartero de sólo 24 años, cometió el revolucionario error de militar en Acción Popular. Agustín Rosado, un sencillo campesino de la comarca, ni era cura ni estaba metido en política, pero iba a misa regularmente.

Este asesino comunista recibe premios de políticos socialistas como Corbacho, el ministro sin estudios, o Pachi López, el presidente regional de las Vascongadas que pactó con terroristas de ETA.

Macarro, asesino, ¿Sabes lo que es el infierno? ¡Tu próxima morada muy probablemente!


Enlace: Asesino Fernando Macarro

7 lanzamientos:

Madrileño85 dijo...

La superioridad moral de la izquierda ya sabes, o mejor: la habilidad para perpetrar los crímenes más salvajes, salir impunes y encima echar mierda sobre otro.

A Paco, que nos salvó de una dictadura y de ser un satélite de la URSS, se echa pestes sobre él cuando puso fin a las barrabasadas de estas gentes ya antes de la guerra civil, mientras que este sujeto recibe premios.

¿En qué mundo vivimos?

Julio dijo...

Hispánicus, muchas gracias por tu envío...y lo triste de todo esto, es que cuando el "panoli" y los suyos suban al poder ( si suben ),
¿Crees que se atreverán a corregir tanta injusticia y tanta "mierda" como han sembrado estos agitadores,estas hienas? Un fuerte
abrazo.

Librepensador dijo...

Madrileño85, ¿con Paco te refieres a don Francisco Franco?, ¿el que nos salvó de una dictadura de extrema izquierda para plantarnos otra de extrema derecha?, ¿cuyo régimen no llegaste a conocer porque terminó diez años antes de que tú nacieras? ¿Ese Paco dices?

ARCENDO dijo...

Todo un "HOMBRE DE PAZ" de la MEMORIA HISTÉRICA... ¿como no van a premiar al angelito?...

Anónimo dijo...

Tú estás loco, tío... ¿Cuál es tu fuente para publicar esto? ¿tu fuente? el grifo de cerveza del bar, seguro.

Puaj.

Anónimo dijo...

Pues yo creo que rebajas el catolicismo a la ignominia tachando de asesinos a personas que han defendido la libertad de todos. Incluso la tuya, sin la cual no podrías publicar esta bazofia que carece de base.
He abierto tu blog por la curiosidad que me ha despertado, en el buscador, el adjetivo "asesino" asociado al nombre de Marcos Ana, insigne poeta español y mejor persona, apresado y torturado por otros que defienden la misma bandera que tú.
Me voy de aquí rápido, pero antes te aconsejo que te informes y dejes los fanatismos, que nunca son buenos. Si eres un chaval joven, aún estás a tiempo; si eres un chaval grande (con tu lenguaje y tu alegoría del fascismo no me atrevo a llamarte señor), también estás a tiempo: como dices en tu blog, "caer está permitido; levantarse es obligatorio". ¡¡Gracias a Dios, tenemos el conocimiento!! ¡¡Disfrútalo!! (Conócelo primero).

Hispanicus dijo...

Fernando Macarro, alias Marcos Ana, última adquisición de la factoría de la memoria histórica, ha resultado ser un ídolo con pies de barro. Tiene en su haber tres asesinatos políticos durante la guerra, pero le llueven los premios.

Durante el verano pasado surgió la iniciativa de solicitar el premio Príncipe de Asturias de la Concordia para un tal Marcos Ana, poeta, luchador por la libertad y preso político en tiempos de Franco. Hasta aquí nada que objetar. La biografía de Marcos Ana, –pseudónimo con el que tapa su verdadero nombre: Fernando Macarro Castillo– es, de un primer vistazo, la de prohombre de los valores y el civismo.

Fue detenido al terminar la Guerra Civil, encerrado y condenado a muerte. Tuvo la suerte de que, al ser menor de edad durante la guerra, la pena capital le fue conmutada por prisión vitalicia en 1945. Pero, 16 años más tarde, la diosa fortuna le vino a visitar y, gracias a un decreto que le vino que ni al pelo, salió en libertad. Después emigró a Francia y regresó a España sin que nadie le volviese a importunar en 1976.

En ese punto desapareció de la Historia. Hoy, con 90 años recién cumplidos, es el nuevo héroe de la memoria histórica que la izquierda ha encontrado para reabrir unas heridas que el tiempo había cerrado hace ya mucho tiempo. Alabado por todos, tanto que hasta el PP avala su candidatura al Príncipe de Asturias. Recibe premios por doquier. Hace sólo dos meses el ministro de Trabajo, el pacense Celestino Corbacho, le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Y no ha sido el único. Este mismo año, el 20 de enero, Patxi López le entregó el premio René Cassin de Derechos Humanos, y tres días más tarde, la Fundación Abogados de Atocha le condecoró con el premio que lleva su nombre. Le falta el Príncipe de Asturias, que, con tan buenos padrinos, llegará más pronto que tarde. Luego es de esperar que sus partidarios pidan el Nobel de la Paz, qué menos.

Pero, ¿fue realmente Fernando Macarro ese espíritu libre y combativo que nos vende la propaganda comunista?, ¿estuvo en la cárcel por motivos políticos? El semanario Alba, en un reportaje firmado por José Barros, ha profundizado en la biografía del último represaliado del PCE, un partido que, a falta de nuevos mitos que rejuvenezcan su ajado politburó, se agarra a lo que hay, aunque lo que hay sea manifiestamente mejorable.

Asesino político en Alcalá de Henares

Tal es el caso de Fernando Macarro, alias Marcos Ana. Su historia verdadera durante la guerra, que el protagonista sabe esconder muy bien en la edulcorada biografía de su página web, nada tiene que ver con la de un héroe y mucho, en cambio, con la de un matón político. José Barros ha descubierto que fue el responsable de, al menos, tres asesinatos en Alcalá de Henares durante la guerra. Se conoce incluso la filiación y oficio de los finados.

Como miembro del Batallón Libertad, un grupo paramilitar de las Juventudes Socialistas Unificadas de Alcalá de Henares, “tomó parte directa en el asesinato” de Marcial Plaza Delgado, Amadeo Martín acuña y Agustín Rosado. Los tres en fechas diferentes y a sangre fría. El “crimen” de Marcial Plaza era ser sacerdote. Amadeo Martín, un cartero de sólo 24 años, cometió el revolucionario error de militar en Acción Popular. Agustín Rosado, un sencillo campesino de la comarca, ni era cura ni estaba metido en política, pero iba a misa regularmente.

Barros relata con detalle en la versión de papel de Alba cómo fueron las muertes a partir de testimonios de las familias, que siguieron viviendo en Alcalá de Henares tras el conflicto. Tal vez por eso el nombre de Macarro no suene demasiado bien en la ciudad complutense. A pesar de su reciente ascenso al olimpo de la memoria, nunca ha dado un recital de poesía ni ha sido requerido para leer el pregón de las fiestas de Alcalá. Por algo será.

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