02 diciembre 2010

El disparate, de Alfonso Ussía


Más de cuatrocientos millones de seres humanos hablan el español en el mundo. Un californiano y un argentino se entienden en el mismo idioma. Eso es la cultura. Un español sea vasco, catalán, castellano, gallego o andaluz, encuentra su idioma común en los labios de los indígenas de la isla de Pascua, ese pedazo de Chile desprendido que navega en la inmensa soledad del Pacífico. Colombia discute –con la razón–, con Venezuela –la sinrazón–, en español. Los presos de Cuba lloran en español por lo que España no hace por ellos. No hay lugar en el mundo, por escondido que se halle, en el que no pueda oírse una palabra en español. 

Y en España, con esta clase política rotundamente gilipollas que tenemos, nos gastamos el dinero en traductores para que, en el Senado, un andaluz le hable en catalán a otro andaluz, y un vasco en vascuence a un castellano, y un gallego en gallego a un montañés, cuando todos hablan y entienden a la perfección el español. No somos un desastre. Somos un disparate. Lo preocupante es que los políticos no anunciaron a los ciudadanos, los emisores de los votos, sus ridículas intenciones. Y la ruptura entre la sociedad y una amplia mayoría de sus representantes es absoluta. No por mentirosos, no por corruptos, no por meramente inútiles, sino por imbéciles. Las cámaras autonómicas están para hablar en la lengua local y la común. En el Congreso y el Senado no puede usarse otro idioma que el español.
Imbéciles los que pidieron el uso de las lenguas autonómicas en el Senado, y más imbéciles aún los que tragaron con la petición. No cabe en cabeza humana tamaña majadería. Todos se entienden y se traducen. En España, cuna del español, no se habla español. Pongámonos en la piel de los nacionalistas e independentistas más radicales. ¿Qué idioma usan para viajar fuera de España? ¿Qué idioma usan para hacer sus negocios fuera de España? ¿Qué idioma usan para viajar y hacer sus negocios por España? El catalán es un idioma vivo, formidable y local. Es práctico tan sólo en Cataluña. El vascuence es la unión de distintos dialectos enfrentados por las montañas, y cuyo dominio está fuera del alcance de muchos dirigentes nacionalistas. Es relativamente práctico sólo en Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y la zona vascohablante de Navarra. No se puede añadir el País vasco-francés porque no existe. Los franceses nunca han reconocido un departamento vasco. Y el gallego, como el valenciano, como el murciano, como el bable, como el guanche, y como el mallorquín, entra en el saco de las lenguas locales.

Todos ellos, los que hablan el idioma de sus raíces maternas y mantienen la tradición y la riqueza cultural de sus palabras, hablan también el español. Son españoles y es lógico que se entiendan. Y sólo en España, los políticos menosprecian el idioma común, no común solamente con los españoles, sino con cuatrocientos millones de personas esparcidas por el mundo, América principalmente. Y ese disparate, es consecuencia directa de la necedad imperante en la clase política española, que siente complejo hasta de su idioma, el español.

Como si Franco lo hubiera inventado, que algunos lo creen así, porque además de la estupidez colectiva, el mayor defecto de España es la ignorancia, la incultura y la brutalidad mental.
Lo que ha protagonizado Montilla en el Senado no merece otro calificativo que el de gilipollez compartida.
¡¡Nación de locos!!

Artículo, magnífico por cierto, de Alfonso Ussía 

5 lanzamientos:

trija dijo...

Por una vez, no puedo estar mas que de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Me dijeron que este blog era el mas gilipollas de todos y hoy lo acabo de comprobar.

Anónimo dijo...

"...el mayor defecto de España es la ignorancia, la incultura y la brutalidad mental."

Lgionarius:
Supongo que a esta conclusión has llegado después de un ejercicio de introspección.

Anónimo dijo...

Aviso de antemano que soy de Sudamérica y que, por tanto, no soy capaz de comprender las sutilezas de las identidades regionales en España, que, supongo, pueden ser comprendidas sólo por los españoles. Sin embargo, he conversado con muchas personas, representantes de diversos nacionalismos que declaran enérgicamente no ser españoles y que Madrid es un país extranjero, etc. Sin embargo, el parecer de un sudamericano siempre es que, si bien se puede distinguir, por ejemplo, entre un catalán y un madrileño, sus similitudes son mucho mayores que entre, por ejemplo, un madrileño y un argentino, o un madrileño y un portugués. Por eso, el juicio generalmente es que las diferencias son exageradas voluntariamente.

Anónimo dijo...

Sr Ussia, ¡muerase de lleno!

Ya llega Ussia el mamón, bailando alegre el baion

El Sr. Ussia, vomita todo tipo de improperios, contra el ciudadano homosexual, seguramente debido al problema, que seguro tuvo en el colegio de niños, en el que estuvo recluido por ser el niño repelente del barrio donde vivía o mejor dicho, donde pululaba como moscardas sobre la mierda diarreica de alguno de sus añorados políticos.

Este ser de baja ralea, insultante con su nariz aguileña, harto de que no le hagan caso en sus discursos periodísticos, se afana en recopilar todo tipo de improperios, referentes a los “maricas” que salen de la boca de sus amigos de parranda, tan típicos como él o como el botijo español, pitorro en mano, ya que no usa lo otro para nada, que se eche el del botijo a la boca que igual, como le gusta a él, a pelo, no coje el sida, sino mas bien, alguna cepa mutante, descendiente de su amado, aquel del burro y el caballo.

Al rememorar en sus pesadillas, el alumno mamón que era cuando era niño, chivato de todo lo que reptaba sobre la faz de la tierra, y que andara, a una, a dos, a tres o a cuatro patas, hostia que se llevaba de vez en cuando, y que iba de hostia en ostia, hostia en la cara, ostia en la boca, llego un día, glorioso, en que le gusto mas la ostia que la hostia, y decidió, bajarse del caballo que junto a su bien querido burro galopaba, desmontar, echar a andar y empezar a trabajar en un periódico fascista, que despues de 35 años de la muerte del hijo de puta, aún sigue dando caña, contra las hordas homosexuales, salvajes y ateas.

Estamos rodeados de éste tipo de gentuza, a la que se le deja vivir, por no cometer un homicidio, contra la voluntad y el libre pensamiento de la gente, que lo único que quiere, es vivir en paz, y nos debieran dar medallas por quitarnoslos de encima, pero los dejamos y seguimos dando tumbos, pues lo nuestro es esto, sufrir y no ser mártires, no sea que nos hagan santos, que ya era lo que nos faltaba.

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